La década de los noventa dejó entrever algunos factores de cambio en la iniciativa social. Surge un voluntariado social comprometido con el sentido de solidaridad, y reivindicativo ante los desajustes sociales, que vuelve a dar protagonismo a la iniciativa social y a confiar de nuevo en la necesidad de revitalizar el tejido asociativo.
La debilidad todavía de la iniciativa social, fue recogida por un voluntariado que renovaba sus valores con el sentido de solidaridad como principio y ofrece nuevamente a la iniciativa social su importancia en la función de apoyo al estado para la cobertura de las necesidades sociales. Poco a poco la participación en su vertiente de voluntariado social, se va reintroduciendo en las políticas del bienestar como agente de intervención.
El contexto sociodemográfico, podría decirse que atemporal, de los países europeos de un envejecimiento progresivo de la población y el incremento de la esperanza de vida, entre otros factores sociales, derivan en un aumento de las necesidades sociales que sobrepasa a los Estados de Bienestar.
La percepción de parte de la ciudadanía hacia los partidos políticos, los poderes públicos y hacia el propio modelo Estado de Bienestar, ante el objetivo de alcanzar una mayor y mejor universalización de la cobertura, se ha tornado cuanto menos reflexiva. Si a esto le añadimos el influyo de la consagrada globalización donde información y desinformación circulan a la velocidad de la luz, y donde a través de unas pantallas el mundo aparece con sus luces y sombras. El imaginario social acerca de las necesidades sociales, de la defensa de los derechos y de su cobertura, se expande con las nuevas tecnologías sin fronteras hacia a la internalización de conciencias que comparten un importante sentido de solidaridad.
Entendemos el sentido de la solidaridad como uno de los sentidos sociales que permiten a las personas hacer frente al entorno natural y social que les rodea, como el sentido del espacio, del tiempo, de la oportunidad, etcétera. Como un sentido social de preocupación por problemas sociales próximos y lejanos, que lleva a la aceptación de los movimientos sociales como vehículos expresivos que defienden los derechos individuales y colectivos. Un sentido de solidaridad que muestra el voluntariado social con su esfuerzo personal y comunitario, y los planes y proyectos desarrollados por organizaciones y asociaciones, que estimulan una cultura con sentido de solidaridad, una sociedad que trabaja por el desarrollo de las personas.
El voluntariado social es una demostración del sentido de solidaridad, de conciencia comunitaria y de responsabilidad social, que está exigiendo un mayor entendimiento de los problemas sociales y una mejora en la cobertura de las necesidades. Este sentimiento de responsabilidad y compromiso social que cada vez comparten más personas, es el eje vertebrador del denominado Tercer Sector. Un sector que aglutina múltiples vertientes de la iniciativa social y que engloba una diversidad heterogénea de organizaciones, como máxima expresión del sentido de solidaridad de una sociedad.
La debilidad todavía de la iniciativa social, fue recogida por un voluntariado que renovaba sus valores con el sentido de solidaridad como principio y ofrece nuevamente a la iniciativa social su importancia en la función de apoyo al estado para la cobertura de las necesidades sociales. Poco a poco la participación en su vertiente de voluntariado social, se va reintroduciendo en las políticas del bienestar como agente de intervención.
El contexto sociodemográfico, podría decirse que atemporal, de los países europeos de un envejecimiento progresivo de la población y el incremento de la esperanza de vida, entre otros factores sociales, derivan en un aumento de las necesidades sociales que sobrepasa a los Estados de Bienestar.
La percepción de parte de la ciudadanía hacia los partidos políticos, los poderes públicos y hacia el propio modelo Estado de Bienestar, ante el objetivo de alcanzar una mayor y mejor universalización de la cobertura, se ha tornado cuanto menos reflexiva. Si a esto le añadimos el influyo de la consagrada globalización donde información y desinformación circulan a la velocidad de la luz, y donde a través de unas pantallas el mundo aparece con sus luces y sombras. El imaginario social acerca de las necesidades sociales, de la defensa de los derechos y de su cobertura, se expande con las nuevas tecnologías sin fronteras hacia a la internalización de conciencias que comparten un importante sentido de solidaridad.
Entendemos el sentido de la solidaridad como uno de los sentidos sociales que permiten a las personas hacer frente al entorno natural y social que les rodea, como el sentido del espacio, del tiempo, de la oportunidad, etcétera. Como un sentido social de preocupación por problemas sociales próximos y lejanos, que lleva a la aceptación de los movimientos sociales como vehículos expresivos que defienden los derechos individuales y colectivos. Un sentido de solidaridad que muestra el voluntariado social con su esfuerzo personal y comunitario, y los planes y proyectos desarrollados por organizaciones y asociaciones, que estimulan una cultura con sentido de solidaridad, una sociedad que trabaja por el desarrollo de las personas.
El voluntariado social es una demostración del sentido de solidaridad, de conciencia comunitaria y de responsabilidad social, que está exigiendo un mayor entendimiento de los problemas sociales y una mejora en la cobertura de las necesidades. Este sentimiento de responsabilidad y compromiso social que cada vez comparten más personas, es el eje vertebrador del denominado Tercer Sector. Un sector que aglutina múltiples vertientes de la iniciativa social y que engloba una diversidad heterogénea de organizaciones, como máxima expresión del sentido de solidaridad de una sociedad.





