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Algunos datos

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Uno de los indicadores que nos ayuda a conocer el grado de movilización social es analizar la pertenencia a asociaciones de la sociedad civil. El asociacionismo civil mide el grado de vitalidad y dinamismo de la sociedad civil, apunta acerca de la capacidad de generar respuestas autónomas e inmediatas, desde la proximidad de los problemas, intereses e inquietudes que produce la vida social.

Haciendo un recorrido entre estudios e investigaciones desde la década de los ochenta del siglo XX hasta la actualidad, la pertenencia a asociaciones ha mostrado una curva oscilante entre movimientos ascendentes y descendentes.

La nula o inexistente pertenencia a asociaciones en el periodo franquista dejo paso a una creciente pertenencia y afiliación durante la transición democrática, fruto de las expectativas y voluntad de cambio de la sociedad española. Según datos de la Fundación Encuentro entre 1977 y 1980 se produjo un incremento cercano al 221 % en el número de asociaciones, más asociaciones que en los doce años anteriores. Tras el fortalecimiento de las instituciones democráticas durante la década de los ochenta, el asociacionismo fue perdiendo recursos humanos hasta bien entrados los años noventa. Los índices de pertenecía a una asociación y de prestación de trabajo voluntario, mostraban que la población Española de 1990 participaba bastante menos en asociaciones voluntarias que al comienzo de 1980.

El porcentaje de personas afiliadas pasa del 31% al 22% de la población y el de aquellos que prestaban trabajo gratuito se redujo del 23% al 12%. Esto significaba que aproximadamente el 78% de la población no participaba en ninguna clase de asociación. Entre las asociaciones que más personas captaban destacaban: asociaciones religiosas un 6%, seguida de deportivas 5%, de tipo educativo, artístico, musical o cultural un 4%, y en último lugar, relacionadas con partidos políticos un 1 %. (Orizo, F. Andrés 1996)

Ante estos datos podría afirmarse que la legalización de las asociaciones de voluntariado, aún incentivando el aumento del asociacionismo, no generó su continuidad más allá de la euforia social por una libertad antes mermada. Pero tal y como muestra el siguiente gráfico respecto a la variación del asociacionismo, el análisis de la participación social es una realidad más compleja que no puede explicarse únicamente como un mero cambio en el sistema de valores de una sociedad por las transformaciones en su estructura social.
Se debe profundizar en la realidad del asociacionismo, para descubrir que existen una serie de significados compartidos entre la ciudadanía que incentivan su participación social, su movilización y les conduce a formar parte de una asociación. Estas personas son de edades diversas, con actitudes, valores y estilos de vida diferentes, pero todas ellas poseen una pauta común, comparten una conciencia de responsabilidad y compromiso social.

Algunos autores a principio de los años noventa manifestaron su pesimismo al pensar que el asociacionismo era poco activo ":...la tendencia al asociacionismo y la movilización generalista de carácter activo es cada vez más baja en España..." (Juarez y Renes, 1994). Sin embargo a finales de los años noventa, el asociacionismo ha mostrado una continuidad, pudiendo decir junto a otros autores que el decreciendo que podía verse en años anteriores era más bien del asociacionismo clásico (Prieto, 1994).

Si nos centramos en datos referidos a la Comunidad Valenciana, a finales de los años ochenta según el Registro General de Asociaciones de la Comunitat Valenciana había un poco más de nueve mil asociaciones legalizadas. Un 26% del total eran asociaciones  en defensa de intereses comunes destacando entre éstas las AMPAS con un 20%, le seguían las sociedades recreativo-culturales (24%), deportivas un 19% y de tipo empresarial-laboral un 14%.
A mediados de los años noventa la Enquesta de condicions de vida de la Comunitat Valenciana de 1995 reflejaba que 2.473.767 personas pertenecían o estaban afiliadas a alguna asociación. Si tenemos en cuenta que en dicho año la población mayor de dieciséis años era entorno a tres millones doscientas mil personas, se puede deducir que el índice de asociacionismo era muy elevado alcanzando casi un 78% del total.

Por lo que comparando con los datos del asociacionismo español, la población de la Comunitat Valenciana a finales de los años noventa superaba la media española en asociacionismo. Estudios posteriores corroboran una tendencia de continuidad del elevado índice de asociacionismo valenciano, cuando a finales de los noventa hubo un 30% más de nuevas asociaciones en el registro que a finales de los ochenta.

Si buceamos en los datos de asociacionismo por comarcas aportados por el Centre Valencià del Voluntariat de Bancaixa nos encontramos que las tasas más altas de asociatividad corresponden a las tres capitales de provincia, por lo que podríamos hablar de un asociacionismo principalmente metropolitano. En 1997 analizando los datos del Censo de asociaciones Valencianas según el campo de acción social prácticamente el 50% de las asociaciones de la Comunitat estaban dedicadas a servicios sociales, seguidas con un 23.4% por las asociaciones relacionadas con temas de salud y con un 15.3% referidas a solidaridad internacional.

Dentro del campo de acción de servicios sociales según la Guía del Voluntariado de la Comunitat Valenciana elaborada por el Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (INCIS) con una muestra de 373 asociaciones, los seis colectivos atendidos más numerosos son: juventud, personas con discapacidad psíquica, familias con dificultades, menores, personas con discapacidad física e inmigrantes y refugiados/as.

A principios del siglo XXI, en el año 2006, un estudio reseñaba que una persona de cada tres en España manifestaba tener conciencia de recibir o haber recibido servicios de algún tipo de las organizaciones del Tercer Sector (Isabel: 2006). Esta percepción unida a los resultados expuestos en el VI Informe FOESSA año 2008, refuerzan el papel del Tercer Sector como cooperador junto al Estado y Mercado en la cobertura de las necesidades. En este informe se señala que a pesar del proceso de crecimiento económico sostenido de España en la última década, los índices de desigualdad y de pobreza apenas se han reducido.

El umbral de pobreza fijado por la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística es de 6.895 euros por persona al año. Teniendo presente este umbral, las conclusiones del informe constatan tres situaciones que combinan la pobreza y la exclusión social con diversidad de grado e intensidad.

- Pobreza integrada: sectores integrados socialmente pero con ingresos insuficientes que les sitúan por debajo del umbral de pobreza y suponen –año 2008- el 12.2% de los  hogares en España.
- Excluidos “con dinero”: uno de cada 10 hogares (el 9.8%) se encuentra situado por encima del umbral de pobreza pero presenta diversos problemas de integración social.
- Excluidos pobres: suponen el 7.2% de los hogares de los cuales poco menos de la mitad se encuentran en pobreza extrema y exclusión social.

La tendencia al alza y su continuidad de la participación social en el Tercer Sector a principios de este siglo XXI, viene reforzada cuando a pesar de la crisis económica internacional que sufre España desde mediados del año 2008, en Mayo del 2009 un estudio de la Asociación Española de Fundraising con el apoyo del Ministerio de Sanidad y Política Social de España, destacó que la colaboración de la población española con ONG's no descendió en el número de donantes.

Este estudio afirmaba que en España, a fecha de 2009, más de cuatro millones de personas colaboraban como donantes con ONG's. Teniendo presente que en dicho año la población de España era de algo más de cuarenta y seis millones de personas, hablamos de que aproximadamente un 9% de la población española mantiene su colaboración con el Tercer Sector. Lo que reafirma, aún en un marco de crisis económica, el mantenimiento del compromiso social de la sociedad española.

Si volvemos a los datos referidos a la Comunitat Valenciana, la Fundación de la Solidaridad y el Voluntariado presentó un estudio en el primer trimestre del año 2009 que muestra una consolidación de la tendencia que apuntaban otros estudios a finales de los años noventa. Entre sus conclusiones se destaca que se han mantenido las donaciones solidarias, ha aumentado el número de ONG's creadas y también el número de personas voluntarias, que pasa de 1.5 personas al día en el año 2008 a cuatro al día en el primer trimestre de 2009; y siguen siendo los mismos campos de actuación mencionados anteriormente los más atendidos (juventud, personas con discapacidad psíquica, familias con dificultades, menores, personas con discapacidad física e inmigrantes y refugiados/as).

Podemos constatar a raíz de todos estos datos que a principios del siglo XXI la ciudadanía refuerza la legitimidad del Tercer Sector como cooperador indispensable con el Estado y el Mercado para la resolución de las necesidades sociales. Que el sentido de la solidaridad de la ciudadanía responsable y comprometida socialmente, se mantiene más allá de un cambio de valores o de los cambios político-económicos. Y que el Tercer Sector ha ido confeccionando un mosaico muy diverso alimentado por asociaciones y organizaciones tradicionales y novedosas.

La opinión de algunos expertos avala la previsión de que las ONG's cobrarán en el futuro una mayor centralidad, que será apreciable tanto en su dimensión económica (de economía social se entiende) como en la de la participación política, como nuevos sujetos políticos. (Funes 1997). La primera dimensión podríamos asociarla con los resultados del informe FOESSA, respecto a la dualidad entre la economía y la exclusión social que ésta genera. Donde en épocas pujantes económicamente la reducción de la pobreza no es acorde con la conquista económica. Y la segunda apreciación, tomar a las ONG como nuevos sujetos políticos, hace mención a la necesidad de la implicación de agentes sociales como apoyo al Estado de Bienestar. Nuevos agentes sociales deben tomar relevancia para reivindicar un Estado y un Mercado más responsables y comprometidos socialmente.


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