En la actualidad existen múltiples clasificaciones y tipologías del voluntariado, a medida que surgen nuevos actores sociales en el campo de la acción voluntaria se incorporan nuevas categorías y al mismo tiempo se especializan en los campos de actuación. Pero el eje común a las acciones voluntarias, aquellas acciones nacidas del compromiso personal donde una persona de manera desinteresada dedica su tiempo y esfuerzo al servicio de la sociedad, ha sido y es el sentido de solidaridad.
El sentido de solidaridad es un término que recibe en diferentes ciencias sociales diversas definiciones, no obstante, podemos agrupar su significación en cuatro concepciones:
- Proceso básico de integración y cohesión social en el que las personas de una sociedad tienen conciencia colectiva de pertenecer a dicha, comparten un vínculo social.
- Proceso de redistribución de los recursos equivalente a la protección social.
- Solidaridad entendida como próxima basada en obligaciones de parentesco o pertenencia a una comunidad.
- Y solidaridad como un valor de carácter voluntario y universalista, como expresión de personas portadoras de capital humano, relacional y ético.
Entorno a estas concepciones a lo largo de la historia las sociedades han desarrollado diferentes formas de iniciativas solidarias para afrontar problemas sociales. Desde el más puro estilo caritativo, benéfico o asistencialista hasta intervenciones más innovadoras. Algunas formas han evolucionado y otras continúan manteniendo sus orígenes.
Conocer en las distintas etapas históricas cuáles han sido las formas de intervención, cuáles perduran y cuáles se han modificado, nos ayuda a comprender el papel que ha desempeñado hasta la actualidad la iniciativa social, y por ende, el papel del voluntariado dentro de ésta.





